Chanzas. Canto. Brindis de guitarras. Risa. Rumor de bienbec cafayateño. Picardía. Germinan en el pupo de la sobremesa. Poetas y enjundiosos guitarreros desentrañan pensamientos de una Pachamama, encinta de ternura, mojada de vidalas.

En ese patio dominical de la Chacabuco al 400, ella y él han hecho de la vida un abrazo a corazón abierto. Al "¿Cómo están?" de los invitados, responden con un "¡Espectacular!" en la sonrisa.

Ella diligencia ensaladas y manjares para que nadie se quede con el bagre huérfano. Mientras azuza los carbones para alborotar las costillas y morcillas, él contrapuntea con los comensales: "¡Ya se viene la suelta de corchos!" y cuando algún cantor insinúa la desmemoria al arremeter una pieza: "¿Has traído el vademécum de las letras?", sazona ella. "¡Yo conocía a uno que desentonaba hasta en los silencios!", acota él, que empina su copa de jóvenes 65 años y dirigiéndose a otro amigo, le dice: "Tome sin miedo, no es por los puntos, es amistoso nomás".

El tinto va enfiestando serenamente la siesta. Cuando Miguelito comienza a soñar en seis cuerdas, le dice: "Esa guitarra cotiza en bolsa... ¡de dormir!" La flauta pinta el pelo retinto de una moza tucumana, despabilando el alma de Perecito. Con la guitarra, desnuda luego el "Subo". El duende del Chivito apuna el recuerdo.

Un decano de los músicos atropella con tangos y boleros y pone en aprietos al experimentado guitarrista para acompañarlo. Le aconseja: "-¡No te apurés tanto! - Es que tengo miedo de olvidarme la letra..."

Lucho y Federico Nieva, Gerardo Núñez, Miguelito Ruiz, Rubén Cruz, el "Pollo" Romero, el dúo José Arcuri-Eduardo Picco, Abel y Graciela Herrero, Carlos Valdez Toledo, Ricardo Camuñas embriagan la tarde con zambas, chacareras, vidalas, boleros y tangos.

Ese patio de Nora Campos y Ramón Véliz es un templo donde rezan sedientos artistas de la noche, enamorados de la alegría y de la vida. ¡Salú!